Era una tarde de sábado, una tarde como cualquier otra. En Lima la selección nacional de fútbol esperaba el inicio de las eliminatorias, el vendedor preparaba su catálogo de productos, los policías se encargaban de mantener el orden público y la seguridad, mientras que las bailarinas practicaban sus movimientos.
Siempre recordare aquel sábado, pero aun no es momento de entrar en detalles porque esta larga historia recién empieza. Resulta que algunos días antes me dejaron una tarea bastante difícil. Ese ciclo de estudios me tocó un nuevo curso de números, no era una catástrofe pero sí me causaba muchas molestias.
Dicho sea de paso una de las razones para escoger mi especialidad fue que se suponía no incluía nada relacionado con las ciencias exactas. Eso creía yo, pero estaba equivocado, muy equivocado. En realidad no era algo tan complicado como el algebra elemental, que para mí, de elemental no tiene absolutamente nada.
Signos, símbolos, teorías de conjuntos, ecuaciones, matrices, series, operaciones binarias, términos constantes, todos juntos en la búsqueda de variables, incógnitas y demás fantasmas matemáticos. La naturaleza no es igual de generosa con todos los humanos; algunos poseen gran inteligencia, otros menos. Yo no entendía nada.
Desde hace mucho tiempo que los números y yo no nos llevamos bien, se podría decir que somos enemigos radicales. Me tienen mala voluntad, me desean el mal porque cada vez que nos encontramos solo me traen problemas. Bueno, como mencione antes, el trabajo que me asignaron no era sobre algo tan complejo como el algebra.
Pero aún así necesitaba de una calculadora. Aquí surgía un inconveniente pues la última que tuve fue victima del paso de los años, de múltiples caídas y de unas baterías sulfatadas. Tenía que salir a comprar una nueva, y pensé aprovechar el viaje para conseguir un libro, “La ciudad de los cazadores tímidos” de Tom Spanbauer.
Como de costumbre, durante los fines de semana intentaba recuperar el sueño perdido de los días anteriores. A mediodía cuando desperté, el teléfono no paraba de sonar por lo que no me quedo más alternativa que levantarme de la cama. Camino hacia la sala para contestar, mientras pienso por qué no hay nadie en mi casa.
Al tomar el auricular reconozco la voz inmediatamente. Era mi madre, me dice que salió a un almuerzo con sus amigas y me recuerda que si quiero salir de compras, debo hacerlo temprano. Antes de que el tráfico se ponga más pesado. Ya había perdido toda la mañana y parte de la tarde, así que deje la flojera de lado.
Una vez en la calle me detuve en una bodega para comprar unos cigarros, no hay nada mejor para una tarde fría. Sigo mi camino y justo cuando llego al paradero escucho que alguien me llama, con un silbido particular. Cuando doy media vuelta me encuentro con Kbzon, un viejo amigo al cual no veía hace varios años.
Como era lógico teníamos mucho de que conversar debido al largo tiempo que habíamos dejado de vernos. Pero como ya era tarde le pedí que me acompañe a realizar mis diligencias. Esa noche iniciaban las eliminatorias para el mundial de fútbol y no quería perderme el primer partido del seleccionado patrio.
Sin pensarlo mucho accedió, pero me solicitó que antes pasemos por un lugar, como aquel sitio se encontraba en la misma ruta no tuve ningún problema, fue así que empezó nuestro recorrido. Es preciso resaltar que Kbzon era un personaje muy singular, divertido por naturaleza, una de las personas más graciosas que he conocido.
Esa no era su característica más representativa, debido a que mi buen amigo tiene la costumbre de fumar marihuana. Por ese motivo, fue más que evidente para mí, cual era el lugar al que pretendía ir. Tal parece que él también iba de compras. No mencionare lugares específicos pues no es mi intención incitar a nadie al consumo.
No soy quien para juzgar su hábito, acepto a mis amigos tal y como son. Además seria muy hipócrita de mi parte criticarlo, pues alguna vez yo también he caído en la tentación, que puedo decir, he sido un joven curioso. No me arrepiento de nada, pero eso quedo en el pasado. Entonces, continuamos con nuestro rumbo.
En el camino fuimos conversando de todo y de nada, hasta que llegamos al punto de venta. La transacción fue más rápida de lo que pensé, no demoramos ni cinco minutos. Debo reconocer que al llegar estaba un poco nervioso, pero al darme cuenta de que el intercambio se realizo velozmente me sentí más tranquilo.
Cuando nos retirábamos sentí que aquella desconfianza inicial no significaba nada, me creí un valiente con nervios de acero, ahora puedo hacerlo todo me dije. Esa sensación no me duraría mucho. No habíamos avanzado ni dos cuadras cuando escuche el sonido de un motor muy cerca de nosotros.
Supuse que era algún vehiculo que iba en nuestra dirección, nada de que preocuparse, otra vez estaba equivocado. Pude ver de reojo a dos policías motorizados que se acercaban a toda velocidad. Mis reflejos, que no siempre son muy buenos, esta vez me ayudaron porque pude sacar a tiempo mi pie izquierdo del camino.
Luego de salvar mi extremidad inferior de ser brutalmente aplastada, le dije muy amablemente al oficial que tuviera mas cuidado al conducir. Entonces reflexione un momento ¿Por qué se detuvieron? Maldición nos estaban siguiendo, inmediatamente entre en pánico, empezó la taquicardia. Jamás me sucedió algo semejante.
Hay momentos en la vida en los que todo parece tener sentido, ese no fue uno de esos momentos. De forma grosera ambos policías nos pidieron nuestros documentos, mientras mi corazón seguía latiendo con un ritmo acelerado. Claro está, que no los entregamos en ese instante. Preferimos poner excusas incoherentes.
De nada nos sirvió hacernos los locos porque sin previo aviso registraron nuestras pertenecías hasta que dieron con la droga en la mochila de Kbzon. Yo estaba perturbado, sin embargo mi compañero permanecía de lo más relajado y comenzó a recriminar a los agentes del por qué nos intervenían de esa manera.
Obviamente, él sabía muy bien lo que decía, pues resultaba ilógico que no fueran directamente donde los vendedores. Simularon llamar a la comisaría para que envíen un patrullero, el cual nunca llego. Luego alegaron que todos los efectivos se encontraban en los alrededores del estadio dispuestos a custodiar el orden.
Se hizo evidente que solo buscaban asustarnos y conseguir una propina. Sin perder más tiempo les dimos un par de billetes y salimos del inconveniente, es más hasta le devolvieron a mi amigo su paquete de hierba. Siempre supe que existían policías corruptos pero esto ya era el colmo. Al menos nos libramos del problema.
Después del susto ya me había olvidado de las cosas que tenía que comprar, así que caminamos un rato burlándonos de lo que acababa de suceder. Más tarde a Kbzon se le ocurrió que podríamos ir a ver un espectáculo para caballeros, en un inicio no entendí a donde íbamos, pero al final decidí seguirlo.
Se trataba de un club nocturno, para ese momento ya estaba entrada la noche y no tuve ningún inconveniente con ver el espectáculo. Nunca había ido a ninguno de esos lugares por lo que me resulto divertido. Una vez dentro pude apreciar diversos tipos de rostros en el público, desde los más inofensivos hasta los más intimidantes.
Todos aquellos lujuriosos esperaban la salida de las protagonistas de la noche, jóvenes mujeres con prendas diminutas ceñidas al cuerpo. En la barra algunos ansiosos beben cerveza y todo tipo de licores, mientras esperan miran por televisión la antesala del encuentro inicial de las eliminatorias para el seleccionado peruano.
De repente las luces van bajando hasta que el lugar queda casi en la oscuridad, de fondo una música suave empieza a sonar, luces de colores alumbran el escenario, esa es la señal que da inicio al show. Sale la primera bailarina vestida de secretaria, no quiero ser injusto pero era tan fea que haría llorar a una cebolla.
Es el momento de la segunda danzante, esta vez vestida de enfermera. Tampoco era muy agraciada, me parece que para quitarse el hipo solo hacía falta que se mire al espejo. Esto se estaba convirtiendo en una tortura. Decidí retirarme del lugar, pensé que si salía en ese instante llegaría a casa antes del segundo tiempo del partido.
Me acerque a mi amigo para avisarle que ya me iba. Estaba aburrido y no pensaba quedarme más tiempo, pero me detuvo e insistió en que veamos a una bailarina más y nos iríamos juntos, así que acepte. Nuevamente la música, las luces y hace su aparición la siguiente chica, esta vez vestida de una erótica colegiala.
Aquella joven llevaba una blusa con un nudo sobre el ombligo y una falda diminuta, eso me llamo más la atención. Empezó con su danza y desde un inicio se notaba que ella tenía más experiencia, hacia movimientos más elaborados y aunque no era una gran belleza, su baile era el más sensual que había visto esa noche.
Sin lugar a dudas puedo asegurar que no estaba preparado para lo que estaba apunto de apreciar. La desnudista encendió un sin número de velas. Luego la cera derretida terminaba sobre su cuerpo, un acto por demás doloroso que me impresiono, pero eso no era nada comparado a lo que veería a continuación.
Aquellas velas terminaron introducidas en cada uno de los orificios de toda su anatomía. Literalmente me dejo con la boca abierta. Nada podía superar lo que había visto, por lo que ya no tenía ningún motivo para continuar en aquel lugar. Salí del club con Kbzon alucinados con el último show. Luego nos despedimos y por fin pude regrese a casa.
La vida sigue su propio curso. Ahora que lo pienso detenidamente, mientras más tiempo pasa menos cambian las cosas. Terminé la universidad sin necesitar de la calculadora para aprobar ese curso. Sigo enemistado con los números. Jamás leí aquel libro. La selección de fútbol quedo fuera del mundial nuevamente.
Siempre existirán jóvenes en busca de sustancias ilegales, así como policías dispuestos a intimidarlos para quitarles algunos billetes y finalmente las bailarinas continuaran deleitando a sus ocasionales espectadores con sus refinados bailes. Nunca se sabe cuando un día común y corriente puede llegar a sorprenderte.
* Suena: Crazy - Aerosmith
Siempre recordare aquel sábado, pero aun no es momento de entrar en detalles porque esta larga historia recién empieza. Resulta que algunos días antes me dejaron una tarea bastante difícil. Ese ciclo de estudios me tocó un nuevo curso de números, no era una catástrofe pero sí me causaba muchas molestias.
Dicho sea de paso una de las razones para escoger mi especialidad fue que se suponía no incluía nada relacionado con las ciencias exactas. Eso creía yo, pero estaba equivocado, muy equivocado. En realidad no era algo tan complicado como el algebra elemental, que para mí, de elemental no tiene absolutamente nada.
Signos, símbolos, teorías de conjuntos, ecuaciones, matrices, series, operaciones binarias, términos constantes, todos juntos en la búsqueda de variables, incógnitas y demás fantasmas matemáticos. La naturaleza no es igual de generosa con todos los humanos; algunos poseen gran inteligencia, otros menos. Yo no entendía nada.
Desde hace mucho tiempo que los números y yo no nos llevamos bien, se podría decir que somos enemigos radicales. Me tienen mala voluntad, me desean el mal porque cada vez que nos encontramos solo me traen problemas. Bueno, como mencione antes, el trabajo que me asignaron no era sobre algo tan complejo como el algebra.
Pero aún así necesitaba de una calculadora. Aquí surgía un inconveniente pues la última que tuve fue victima del paso de los años, de múltiples caídas y de unas baterías sulfatadas. Tenía que salir a comprar una nueva, y pensé aprovechar el viaje para conseguir un libro, “La ciudad de los cazadores tímidos” de Tom Spanbauer.
Como de costumbre, durante los fines de semana intentaba recuperar el sueño perdido de los días anteriores. A mediodía cuando desperté, el teléfono no paraba de sonar por lo que no me quedo más alternativa que levantarme de la cama. Camino hacia la sala para contestar, mientras pienso por qué no hay nadie en mi casa.
Al tomar el auricular reconozco la voz inmediatamente. Era mi madre, me dice que salió a un almuerzo con sus amigas y me recuerda que si quiero salir de compras, debo hacerlo temprano. Antes de que el tráfico se ponga más pesado. Ya había perdido toda la mañana y parte de la tarde, así que deje la flojera de lado.
Una vez en la calle me detuve en una bodega para comprar unos cigarros, no hay nada mejor para una tarde fría. Sigo mi camino y justo cuando llego al paradero escucho que alguien me llama, con un silbido particular. Cuando doy media vuelta me encuentro con Kbzon, un viejo amigo al cual no veía hace varios años.
Como era lógico teníamos mucho de que conversar debido al largo tiempo que habíamos dejado de vernos. Pero como ya era tarde le pedí que me acompañe a realizar mis diligencias. Esa noche iniciaban las eliminatorias para el mundial de fútbol y no quería perderme el primer partido del seleccionado patrio.
Sin pensarlo mucho accedió, pero me solicitó que antes pasemos por un lugar, como aquel sitio se encontraba en la misma ruta no tuve ningún problema, fue así que empezó nuestro recorrido. Es preciso resaltar que Kbzon era un personaje muy singular, divertido por naturaleza, una de las personas más graciosas que he conocido.
Esa no era su característica más representativa, debido a que mi buen amigo tiene la costumbre de fumar marihuana. Por ese motivo, fue más que evidente para mí, cual era el lugar al que pretendía ir. Tal parece que él también iba de compras. No mencionare lugares específicos pues no es mi intención incitar a nadie al consumo.
No soy quien para juzgar su hábito, acepto a mis amigos tal y como son. Además seria muy hipócrita de mi parte criticarlo, pues alguna vez yo también he caído en la tentación, que puedo decir, he sido un joven curioso. No me arrepiento de nada, pero eso quedo en el pasado. Entonces, continuamos con nuestro rumbo.
En el camino fuimos conversando de todo y de nada, hasta que llegamos al punto de venta. La transacción fue más rápida de lo que pensé, no demoramos ni cinco minutos. Debo reconocer que al llegar estaba un poco nervioso, pero al darme cuenta de que el intercambio se realizo velozmente me sentí más tranquilo.
Cuando nos retirábamos sentí que aquella desconfianza inicial no significaba nada, me creí un valiente con nervios de acero, ahora puedo hacerlo todo me dije. Esa sensación no me duraría mucho. No habíamos avanzado ni dos cuadras cuando escuche el sonido de un motor muy cerca de nosotros.
Supuse que era algún vehiculo que iba en nuestra dirección, nada de que preocuparse, otra vez estaba equivocado. Pude ver de reojo a dos policías motorizados que se acercaban a toda velocidad. Mis reflejos, que no siempre son muy buenos, esta vez me ayudaron porque pude sacar a tiempo mi pie izquierdo del camino.
Luego de salvar mi extremidad inferior de ser brutalmente aplastada, le dije muy amablemente al oficial que tuviera mas cuidado al conducir. Entonces reflexione un momento ¿Por qué se detuvieron? Maldición nos estaban siguiendo, inmediatamente entre en pánico, empezó la taquicardia. Jamás me sucedió algo semejante.
Hay momentos en la vida en los que todo parece tener sentido, ese no fue uno de esos momentos. De forma grosera ambos policías nos pidieron nuestros documentos, mientras mi corazón seguía latiendo con un ritmo acelerado. Claro está, que no los entregamos en ese instante. Preferimos poner excusas incoherentes.
De nada nos sirvió hacernos los locos porque sin previo aviso registraron nuestras pertenecías hasta que dieron con la droga en la mochila de Kbzon. Yo estaba perturbado, sin embargo mi compañero permanecía de lo más relajado y comenzó a recriminar a los agentes del por qué nos intervenían de esa manera.
Obviamente, él sabía muy bien lo que decía, pues resultaba ilógico que no fueran directamente donde los vendedores. Simularon llamar a la comisaría para que envíen un patrullero, el cual nunca llego. Luego alegaron que todos los efectivos se encontraban en los alrededores del estadio dispuestos a custodiar el orden.
Se hizo evidente que solo buscaban asustarnos y conseguir una propina. Sin perder más tiempo les dimos un par de billetes y salimos del inconveniente, es más hasta le devolvieron a mi amigo su paquete de hierba. Siempre supe que existían policías corruptos pero esto ya era el colmo. Al menos nos libramos del problema.
Después del susto ya me había olvidado de las cosas que tenía que comprar, así que caminamos un rato burlándonos de lo que acababa de suceder. Más tarde a Kbzon se le ocurrió que podríamos ir a ver un espectáculo para caballeros, en un inicio no entendí a donde íbamos, pero al final decidí seguirlo.
Se trataba de un club nocturno, para ese momento ya estaba entrada la noche y no tuve ningún inconveniente con ver el espectáculo. Nunca había ido a ninguno de esos lugares por lo que me resulto divertido. Una vez dentro pude apreciar diversos tipos de rostros en el público, desde los más inofensivos hasta los más intimidantes.
Todos aquellos lujuriosos esperaban la salida de las protagonistas de la noche, jóvenes mujeres con prendas diminutas ceñidas al cuerpo. En la barra algunos ansiosos beben cerveza y todo tipo de licores, mientras esperan miran por televisión la antesala del encuentro inicial de las eliminatorias para el seleccionado peruano.
De repente las luces van bajando hasta que el lugar queda casi en la oscuridad, de fondo una música suave empieza a sonar, luces de colores alumbran el escenario, esa es la señal que da inicio al show. Sale la primera bailarina vestida de secretaria, no quiero ser injusto pero era tan fea que haría llorar a una cebolla.
Es el momento de la segunda danzante, esta vez vestida de enfermera. Tampoco era muy agraciada, me parece que para quitarse el hipo solo hacía falta que se mire al espejo. Esto se estaba convirtiendo en una tortura. Decidí retirarme del lugar, pensé que si salía en ese instante llegaría a casa antes del segundo tiempo del partido.
Me acerque a mi amigo para avisarle que ya me iba. Estaba aburrido y no pensaba quedarme más tiempo, pero me detuvo e insistió en que veamos a una bailarina más y nos iríamos juntos, así que acepte. Nuevamente la música, las luces y hace su aparición la siguiente chica, esta vez vestida de una erótica colegiala.
Aquella joven llevaba una blusa con un nudo sobre el ombligo y una falda diminuta, eso me llamo más la atención. Empezó con su danza y desde un inicio se notaba que ella tenía más experiencia, hacia movimientos más elaborados y aunque no era una gran belleza, su baile era el más sensual que había visto esa noche.
Sin lugar a dudas puedo asegurar que no estaba preparado para lo que estaba apunto de apreciar. La desnudista encendió un sin número de velas. Luego la cera derretida terminaba sobre su cuerpo, un acto por demás doloroso que me impresiono, pero eso no era nada comparado a lo que veería a continuación.
Aquellas velas terminaron introducidas en cada uno de los orificios de toda su anatomía. Literalmente me dejo con la boca abierta. Nada podía superar lo que había visto, por lo que ya no tenía ningún motivo para continuar en aquel lugar. Salí del club con Kbzon alucinados con el último show. Luego nos despedimos y por fin pude regrese a casa.
La vida sigue su propio curso. Ahora que lo pienso detenidamente, mientras más tiempo pasa menos cambian las cosas. Terminé la universidad sin necesitar de la calculadora para aprobar ese curso. Sigo enemistado con los números. Jamás leí aquel libro. La selección de fútbol quedo fuera del mundial nuevamente.
Siempre existirán jóvenes en busca de sustancias ilegales, así como policías dispuestos a intimidarlos para quitarles algunos billetes y finalmente las bailarinas continuaran deleitando a sus ocasionales espectadores con sus refinados bailes. Nunca se sabe cuando un día común y corriente puede llegar a sorprenderte.
* Suena: Crazy - Aerosmith
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