No recuerdo la fecha exacta en la cual me encontraba realizando algunos trámites en la RENIEC, tampoco viene al caso, el hecho es que al terminar este complicado papeleo burocrático descubrí que es posible mostrarle una sonrisa a la adversidad. Siendo las 11 de la mañana, más o menos, en uno de los centros de comercio más visitados en el centro de Lima, las galerías están a puertas abiertas esperando la llegada del público.
En el Mercado Central existe un hombre que no puede pasar desapercibido, a pesar de que muchos lo conocen, pocos saben su nombre. Éste peculiar personaje, es un músico callejero y su historia no tendría nada de particular de no ser por el hecho de que es una persona minusválida. ¡Que bien toca! exclamó la niña, mientras se acerco a dejarle unas monedas, él solo atino a agradecerle con una sonrisa.
Al ver tal espectáculo me detuve a observarlo por unos minutos. Algunos de los habituales visitantes de esta zona comercial que se encuentran realizando compras se acercan para escucharlo mejor, y es que su destreza para tocar un timbal destartalado y un instrumento de viento improvisado, hecho con una botella de plástico, es digna de ser escuchada y como si no fuera suficiente también canta.
Muchas personas van y vienen, de pronto un par de pequeños que se dedican a cuidar y limpiar autos en la vía pública se dejan llevar por el sonido de los timbales y de manera espontánea se ponen a bailar, lo cual arranca las carcajadas de los transeúntes, y es un incentivo para que más gente se aproxime y retribuya con algunos céntimos el trabajo de este músico del pueblo.
Al retirarme del lugar no pude dejar de pensar en las actitudes que tomamos las personas ante circunstancias adversas, las que se pueden resumir en dos: por un lado los que viven siempre insatisfechos con la queja permanente en la boca y acaban llenos de amargura; y por el otro los que, como este músico callejero, son capaces de disfrutar cada detalle de la vida y mantienen un espíritu admirable de superación.
* Suena: Mejor morir en pie – Tierra Santa
En el Mercado Central existe un hombre que no puede pasar desapercibido, a pesar de que muchos lo conocen, pocos saben su nombre. Éste peculiar personaje, es un músico callejero y su historia no tendría nada de particular de no ser por el hecho de que es una persona minusválida. ¡Que bien toca! exclamó la niña, mientras se acerco a dejarle unas monedas, él solo atino a agradecerle con una sonrisa.
Al ver tal espectáculo me detuve a observarlo por unos minutos. Algunos de los habituales visitantes de esta zona comercial que se encuentran realizando compras se acercan para escucharlo mejor, y es que su destreza para tocar un timbal destartalado y un instrumento de viento improvisado, hecho con una botella de plástico, es digna de ser escuchada y como si no fuera suficiente también canta.
Muchas personas van y vienen, de pronto un par de pequeños que se dedican a cuidar y limpiar autos en la vía pública se dejan llevar por el sonido de los timbales y de manera espontánea se ponen a bailar, lo cual arranca las carcajadas de los transeúntes, y es un incentivo para que más gente se aproxime y retribuya con algunos céntimos el trabajo de este músico del pueblo.
Al retirarme del lugar no pude dejar de pensar en las actitudes que tomamos las personas ante circunstancias adversas, las que se pueden resumir en dos: por un lado los que viven siempre insatisfechos con la queja permanente en la boca y acaban llenos de amargura; y por el otro los que, como este músico callejero, son capaces de disfrutar cada detalle de la vida y mantienen un espíritu admirable de superación.
* Suena: Mejor morir en pie – Tierra Santa
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