martes, 14 de julio de 2009

Introspección

Hoy es martes, un martes cualquiera. Me despierto desorientado, no encuentro nada de comer en la cocina. Enciendo el televisor como de costumbre, aunque no lo vea, creo que lo hago simplemente porque me da la sensación de que no estoy solo. Pienso en lo extraño que se siente no ir más a la universidad, nunca más, ni tener que lidiar con el cobrador de combi porque no tengo sencillo.

Además es un alivio no tener que viajar con el codo de algún tipo en la cara. Aquel que sube a pedir tu colaboración porque su mujer esta muy enferma en el hospital y que muy gentilmente te muestra una receta médica que data de 1980. No tengo que preocuparme por ensuciar mi ropa con los charcos dejados por la lluvia mientras corro desesperado para intentar llegar a clases.

Regreso a mi habitación para lanzarme de nuevo en la cama, total no tengo un lugar a donde ir. Sigo formando ideas sin sentido en mi mente, sin saber absolutamente nada de lo que me depara el futuro. Me gusta no saber que pasará mañana, la emoción de lo impredecible, porque cada día es una nueva oportunidad. Además sino sé lo que puede ocurrir, no tengo motivos para preocuparme.

Se que hoy no la veré, es probable que nunca la vuelva a ver. Me siento atrapado, como un pescado en las redes del marinero, porque ambos hemos sido sorprendidos por una trampa, una trampa eminentemente pasiva que nos impide desplazarnos y en la cual finalmente solo nos queda rendirnos. Recuerdo cuando era libre, cuando no dependía de su mirada para sentirme vivo, cuando no esperaba su sonrisa para ser feliz.

Mientras pasa el tiempo, los segundos van muriendo inevitablemente. Salgo de casa porque me canse de pensar, camino sin rumbo porque no puedo dejar de hacerlo. Prendo un cigarro, en mi constante desafió a la muerte, y continúo deambulando. Así pasó un día común, con horas de aburrimiento interrumpidas por momentos de reflexiones innecesarias. Hoy es martes, un martes cualquiera.

* Suena: Otro día para ser – Hermética

No hay comentarios: